Hay una curiosidad que me sigue sorprendiendo cuando hablamos de integración. Podemos pensar que hemos avanzado en integración, pero todo depende del punto de vista de donde se mire. Os voy a contar una historia que ocurrió hace 20 años aquí en España.
Yo estudié en un instituto público. Durante dos años seguidos, tuvimos una profesora de latín con el carácter un poco seco, pero muy buena enseñando el temario. Creo que la asignatura llegó a apasionarme por lo buena que era como profesora. De hecho, no he vuelto a estudiar esa asignatura, pero todavía recuerdo frases que practicábamos con ella.
Desde niña siempre quise estudiar alguna asignatura relacionada con las matemáticas, pero cuando la tuve como profesora, estuve a punto de cambiar mi pasión por los números a las letras. Imaginar que influencia.
Y eso es el gran recuerdo que tengo. Una gran maestra.
En estos tiempos que se habla tanto de integración, he empezado a recordar que aquella profesora llamada Pilar, tenía un problema físico. Nunca nos comentó que enfermedad padecía (ni tenía por qué hacerlo). Pero por los síntomas que reflejaba, supongo que debió padecer una poliomelitis. Llevaba unas botas especiales, unos hierros y para poder sujetarse de pie, se ayudaba de muletas.
Cuando entrábamos al instituto, para subir la rampa, siempre tenía que ayudarle un alumno que estuviera cerca. El alumno cogía las muletas y ella se agarraba a su brazo y subían despacito la rampa.
Cuando estábamos en clase, al no poder sujetarse de pie, para explicar latín, siempre tenía que salir un alumno a escribir en la pizarra lo que ella dictaba.
Lo curioso, es que estas anécdotas apenas las recordaba. Solo que era muy buena enseñando. Y a esa edad, ni yo ni nadie, nos fijábamos en el sobreesfuerzo diario que tenía que hacer para poder enseñarnos.
Ahora cuando pienso en ello, me sorprende la naturalidad con la que vivíamos la situación. Para nosotros era la profesora Pilar. Y su enfermedad, o secuelas de su enfermedad, no nos llamaban la atención. Era una persona, una profesora más como el que es rubio, bajo, alto…. A esas edades creo que apenas tienes prejuicios.
En ningún momento, nos hicimos una foto por tener una discapacidad. Ni en la revista aparecía su foto diciendo somos el mejor instituto, integramos a personas con discapacidad….No, insisto, era una persona.
Han pasado más de 20 años, y no sé si será integración. Pero el otro día, una amiga que trabaja en una multinacional, me contaba que cuando pensaban contratar a una persona con discapacidad, les reunían antes para avisarles. Le realicé varias preguntas: ¿Esas reuniones se celebran cada vez que contratan a alguien o solo con las personas discapacitadas? Solo con las personas discapacitadas, me respondió. ¿os dan información, formación o qué sentido tiene la reunión? Y me comentó que no lo entendía. La última que asistieron, les reunieron y les dijeron, va a entrar una persona en silla de ruedas. Dice que preguntaron, y ¿Que va a hacer, donde se va a sentar? La respuesta fue, estará ayudando. Y se sentará en su silla (imagino que sería fruto del desconocimiento). Y la reunión terminó.
Me sorprendió enormemente esta sobreexposición de las personas con discapacidad. En principio, creo que todos hemos visto alguna vez personas que se desplazan en sillas de ruedas. Tanto adultos como niños. Incluido en los dibujos animados hay personajes en silla de ruedas. En vez de integración, ¿no se está produciendo una sobreexposición de las personas con discapacidad que en vez de normalizar, agrava sus diferencias?
(Desde aquí, aunque no lo sepa, agradecer a Pilar todo lo que nos enseñó, a esa gran maestra)
Almudena Bermejo
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